En este sentido, y aunque parezca mentira, la mujer no ha entrado en el Museo como creadora hasta la mencionada exposición. Sin embargo, parece que se abren nuevas perspectivas en cuanto a la autoría de la representación pictórica en el Prado y en otras pinacotecas ya que en los útimos años, entre los artistas españoles más reconocidos nacional o internacionalmente, una mayoría abrumadora son del género femenino.
Sin embargo, la iconografía de la mujer en el arte ha estado presente en todas las épocas y en todos los artistas, fundamentalmente a partir del s. XVIII, cuando la mujer da los primeros pasos hacia la integración en la vida social y cultural.
La pintura de los s. XV, XVI y XVII se ajusta a una doble temática: por un lado, tiene un marcado carácter teocéntrico, de modo que la representación de la mujer se limitaba a la descripción de escenas y personajes bíblicos -recordemos las diferentes representacipnes de la Vírgen en los cuadros de Murillo o de El Greco; por otro, de carácter político, con el retrato de las figuras de la monarquía y la aristocracia. Debido a que el mecenazgo era necesario para la subsistencia de los artistas, estos limitaban su producción al retrato de la nobleza y, sólo en contadas ocasiones, representaban escenas de la vida cotidiana de las clases menos pudientes.
A partir del s. XVIII, esta representación de la mujer es especialmente significativa en Velázquez y Goya, dos de los pintores más valorados y más ampliamente difundidos desde El Prado. Este último poseía una capacidad psicológica extraordinaria para penetrar en los personajes y en los detalles de la sensibilidad femenina.
Aquí tenéis una muestra de la mujer en el Prado. La mayoría de ellos forman parte de la colección permanente.
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