"Soy mujer.
Y un entrañable calor me abriga
cuando el mundo me golpea.
Es el calor de las otras mujeres, de aquellas
que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador,
de piel suave y tierno corazón guerrero".
Decía Constable que el artista se veía impulsado, en interés de la verdad, a concentrarse más y más en la tarea de dar existencia duradera y grave a un breve instante tomado del tiempo fugaz. Esta hermosa y ajustada definición sobre la imagen estática la escribió en 1832, unos años antes de que se inventara la fotografía.
Desde sus comienzos, el fotógrafo, se propuso salvar los primeros escollos técnicos en su pretensión por atrapar el tiempo al vuelo, o el vuelo del tiempo, que se me antoja que conlleva más dificultad y es más poético. Es a partir de la instantánea y a través de nuestra percepción cuando los mecanismos psicológicos intervienen para recrear un antes y un después de ese punctum temporis; y aunque este último concepto nos conduzca inevitablemente a la paradoja de Zenón, nos hacemos la ilusión de que hemos conseguido por fin retener lo que indómitamente no se deja retener.
La intensidad de la luz, la temática, el picado, la perspectiva, la gesticulación, entre muchos otros, son elementos a los que recurre el fotógrafo para transmitir emociones a través de la exposición de la imagen.
Durante el siglo XX se produce el gran auge de la fotografía. Y vengo a decir todo esto porque la Fundación Canal de Madrid alberga hasta el 4 de enero de 2009 una exposición fotográfica de enorme interés: Mujeres en Plural. Fotografías de autor que, precisamente, han atravesado la línea del tiempo y que por eso son arte con mayúsculas. Tiene como eje central la representación de la mujer a lo largo del siglo XX, una retrospectiva de unas cien fotografías que universalizan a la mujer, porque todas nos contienen.
Enlaces que explican detalladamente los pormenores de la exposición:
"El arte, o mejor dicho, el artista es un suceso impredecible. No puede vaticinarse. Es imposible pronosticar al artista. Es algo así como una casualidad".
Ernst H. Gombrich
"Artaud me ayudó a desmembrar el lenguaje de la autoridad y a reconfigurar lo femenino".
"Mi obra es hija de mi tiempo. Siempre he querido hacer un arte subversivo, escandalizar".
Nancy Spero
Ayer y hoy se han inaugurado en Madrid dos grandes retrospectivas pictóricas: el arte consagrado de Rembrandt en el Museo del Prado y la vanguardia de Nancy Spero en el Museo Reina Sofía.
Dos puntos de vista absolutamente equidistantes en el tiempo y en la forma. El primero no necesita defensores entre el gran público, pero el caso de Nancy Spero es diferente. La crítica comenzó a valorarla a partir de los años 70, después de una difícil singladura para conquistar ese espacio propio que se distanciaba de los cánones tradicionales de la belleza en la representación pictórica.
La especificidad de la obra de Spero radica en la La visión transcultural y claramente revolucionaria de sus dibujos y en la singular deconstrucción/reconstrucción de la figura femenina. Sus obras son un grito desgarrado contra cualquier tipo de manifestación violenta: la ejercida sobre la mujer y la de todas las víctimas del poder y la tiranía.
Es una figuración estéticamente vinculada a la representación jeroglífica del arte egipcio , medieval y de otras culturas primitivas y una búsqueda permanente, por un lado, de una iconoclastia pre-lingüística que enraíce directamente con los más bajos instintos del alma humana; por otra parte, sin embargo, su mensaje también se construye a partir del lenguaje: sus pinturas son auténticos palimpsestos de textos e imágenes.
Es por eso que su obra es abierta y requiere que el espectador no sea un sujeto pasivo sino un interprete del hecho pictórico.
A Spero le interesa el sincretismo y la provocación, porque la violencia ejercida por la humanidad contra sí misma es desde todos los puntos de vista absolutamente abominable, y lo execrable no puede ser representado amablemente.