"Me pareció que las llamas de tus ojos
volarían conmigo hasta el alba".Ana Ajmatova
Conocí a Manuel casualmente. Había quedado en casa de unos amigos que tenían la generosa costumbre de recibir con cierta frecuencia a toda una pléyade de personajes que iban recogiendo de aquí y de allá y que terminaban siendo, al poco tiempo, parte del mobiliario del acomodado apartamento. La amistad que me unía a ellos desde las corredurías alocadas de la adolescencia me permitía tener acceso a personas de lo más variopinto y, en algunos casos, a intimar un poco con aquellos que merecían mi aprobación por la afinidad de caracteres o de inquietudes comunes.
El caso es que nunca sabemos exactamente por qué combinaciones y algoritmos químicos se producen esas combustiones interiores que te llevan a seguir con la mirada a determinadas personas y a encandilarte con ellas.
Eso me ocurrió a mí con Manu.
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