En otro orden de cosas, ha anunciado que impulsará el uso de energías de bajo consumo como medio para combartir el cambio climático. Por fin EEUU vuelve solidariamente los ojos hacia el obviado Protocolo de Kyoto (1997).
Hoy le ha tocado dar respuesta a los altos financieros de Wall Street por autogratificarse con primas millonarias, como si el seísmo económico y la crisis no fuera con ellos, después del esfuerzo económico que el gobierno y los ciudadanos están llevando a cabo para sostener la situación. La descalificación, de una dureza sin precedentes, se ha oído alta y clara hasta en el más recóndito lugar de nuestro mundo globalizado: "es el colmo de la irresponsabilidad. Es una vergüenza". Todos asentimos y aplaudimos el rapapolvo. Tiene sobradas razones para tomar medidas de mayor control sobre los bancos, a los que ha anticipado a su vez la prohibición de favorecer con cuantiosas sumas de dinero a los institucionalizados grupos financieros de presión. Siempre me ha parecido que la injerencia políticoeconómica y el poder de los lobbys excedía con mucho sus atribuciones. Es asombroso: por primera vez los intocables poderes fácticos económicos de EEUU están siendo fiscalizados. Es un gran logro conseguir por fin que la política gobierne la economía, y no alrevés, como ha venido sucediendo hasta ahora.
Otro gran paso lo está dando en aras de la igualdad y desde todos los frentes que suponen discriminación para la mujer o la raza.
Éste es el caso de Lilly Ledbetter, que ha conseguido con tesón que se promulgue una ley, que lleva su nombre ,por la que se eliminan las restricciones legales para defender la igualdad salarial de la mujer. Hace unos días también se ocupó de firmar una orden ejecutiva que permite la inyección de ayudas internacionales a grupos de planificación familiar, restituyendo los derechos que la política antiabortista del anterior gobierno se había encargado de solapar; con gravísimas consecuencias para las mujeres más desfavorecidas, por cierto.En definitiva, está claro que la Administración Bush le ha dejado el país patas arriba y tiene que revertir lo antes posible las nefastas actuaciones que llevaron a cabo. Con actitud austera, el nuevo presidente ha optado por no realizar muchos cambios en el mobiliario del Despacho Oval, pero los pocos que ha hecho son significativos del buen gusto estético y ético: sólo ha retirado los cuadros de Bush con escenas de rodeos y ha escogido la misma mesa que el ex presidente John F. Kennedy. Pero lo que le interesa y preocupa en realidad a Obama no es la decoración, sino la higiene: antes de entrar, ya había advertido que bajo las alfombras de la Casa Blanca se escondía mucha miseria humana y que estaba dispuesto a deshacer la casa.
Por todo ello, yo también me sumo a lo expresado por Saramago: "De repente, el mundo me parece más limpio, más prometedor. Por favor, no me roben esta esperanza".
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