Ayer no más, como dirían los argentinos, hablábamos sotto vocce de derechos humanos, porque en realidad lo que interesa en estos días son los preparativos de las vacaciones de Navidad. Y es que pasamos por los Días de... con premura, como aquel que tiene que salir corriendo porque se le escapa el autobús o el metro; y más cuando contienen el atributo Mundial, porque eso del mundo es una entelequia y nos queda bastante lejos. El hecho es que no es conveniente pararse por mucho tiempo en determinados temas, sobre todo si se trata de hacer autocrítica, asumir culpabilidades o sugerir propuestas de mejora- expresión ésta que terminará por agotarse en sí misma debido a la ineficacia con que se utiliza-.
A la sociedad le ocurre como a las personas: es tanto más vulnerable cuanto menor es su capacidad de reflexión o su valentía para expresar abiertamente los "defectillos" que la aquejan. En cambio se practica más la callada por respuesta, la ambigüedad y el mirar hacia otro lado.
El compromiso y la solidaridad con nuestro entorno requiere tiempo y ganas y, fundamentalmente, representa un desafío a la ley de gravedad del consumismo y la comodidad. Nos hemos decantado escandalosamente por la satisfacción inmediata del deseo, no por la sosegada construcción del amor. El deseo y el amor contienen propósitos antagónicos. Zygmunt Bauman lo expresa con gran exactitud: "el amor es una red arrojada sobre la eternidad, el deseo es una estratagema para evitarse el trabajo de urdir esa red. Fiel a su naturaleza, el amor luchará por perpetuar el deseo. El deseo, por su parte, escapará de los grilletes del amor".
Compruebe usted estos días en las pequeñas, medianas o grandes superficies de los shopping Centers cómo nos dejamos llevar jubilosamente por ese impulso momentáneo. En cuestión de poco tiempo, durante la visita, consiguen de nosotros encender y apagar unos cuantos fuegos, que una vez embolsados y transportados en el maletero del coche, perderán para nosotros la mitad de su interés. Y es que este impulso irrefrenable del deseo es por naturaleza un impulso de destrucción: es desde su inicio un impulso embaucado por la muerte, no se proyecta, no se perpetúa.
De modo que con esta perspectiva, creo que urge que salgamos cuanto antes de esta etapa protosentimental, que tiene más que ver con el neonato que con el ser humano en su etapa de madurez. Amor líquido le llama Z. Bauman a la fragilidad con que se construyen hoy día los vínculos humanos.