
El civismo es el cuidado de las formas, el modo externo de demostrarle al otro el respeto que merece. La deferencia hacia las personas o hacia el medio en el que esas personas deben vivir.
Virtudes Públicas, de Victoria Camps.
El PP vuelve a la carga contra la implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Como siempre, hacen gala del cinismo que los caracteriza calificando el contenido de la materia como doctrinario. ¿Quiénes, sino ellos, pueden asumir mejor el término que por derecho les corresponde como valedores de lo que ha sido durante siglos el adoctrinamiento católico? Causa verdadero terror la impunidad manifiesta para falsear argumentos y la facilidad para difundir ideas panfletarias con objeto de producir inestabilidad, caos y desconcierto en parte de la población.
Ya quisiéramos que este país en su totalidad tuviera la madurez suficiente para poder discernir con claridad las falacias y la propaganda que de manera tan burda pone de manifiesto que no pretenden otra cosa más que seguir perpetuando el statu quo. ¿Cómo, si no, se puede sostener la postura llevada a cabo por la Conselleria Valenciana en la implantación de la asignatura? El resultado es cuando menos anacrónico, esperpéntico e irresponsable, por no hablar de la confusión pedagógica que genera entre las familias, el alumnado y los docentes.
¿Cómo se puede alentar la objeción de conciencia en cuanto a la adquisición de los valores cívicos contenidos en la Constitución?
Así las cosas, son las llamadas “virtudes públicas” las que están en entredicho. ¡Cuánto dislate en los tiempos que corren!



